Lo que hoy llamamos “alimentación ancestral” no es una dieta nostálgica ni una moda de nicho, es más bien en su esencia, una forma brutalmente lógica de comer. Es el eco de una sabiduría evolutiva milenaria, los animales se comen enteros.
Nuestros antepasados no tenían el lujo (ni el absurdo comportamiento) de seleccionar solo los cortes “limpios”. Cazaban, despiezaban, hervían, fermentaban y consumían cada parte utilizable del animal. Olvídate de gustos, de y piensa en instinto, supervivencia, optimización. Lo que hoy despreciamos como “despojos”, antes era medicina y sustento. Y hoy lo es todavía.
Ahora, en la era de las calorías vacías, del culto a las proteínas aisladas y de los batidos veganos enriquecidos con maltodextrina, esa lógica está enterrada bajo capas de ignorancia nutricional.

La carne muscular no es mala. Pero es incompleta. Alta en proteína, sí, pero baja en micronutrientes esenciales, sin colina suficiente, sin cobre, sin retinol, sin CoQ10, sin enzimas, sin péptidos reguladores.
Comer solo músculo es como intentar construir una casa solo con ladrillos y sin cemento, sin cables, sin agua. Te sirve para sobrevivir, pero no para prosperar.
Los pueblos tradicionales lo sabían sin carreras de bioquímica. En África, los cazadores entregaban el músculo a las mujeres y niños, mientras los hombres se reservaban el hígado, el corazón, el cerebro. En el Ártico, los inuit comen primero los órganos crudos. En Mongolia, los pastores hierven intestinos y tuétano como desayuno. En Europa, hasta hace un siglo eran medicina popular.

Fíjate, si te paras a pensarlo, hoy tenemos cuerpos bien alimentados pero bioquímicamente vacíos. Fatiga crónica, ansiedad, infertilidad, tiroides disfuncional, piel frágil, sistema inmune reactivo. No es falta de comida. Es falta de densidad biológica y señalización interna.

amos al grano. Estos son algunos ejemplos fisiológicos claros:
Hígado: 10.000 UI de retinol por cada 100g. Ninguna planta te da eso. Además, hierro hemo, colina, B12, cobre, y vitamina K2 en su forma más activa (MK-4).
Corazón: CoQ10 en niveles óptimos, ideal para la función mitocondrial. Además, contiene taurina y selenio, dos reguladores inmunoendocrinos clave.
Médula ósea: contiene adipocitos especializados que secretan factores de crecimiento. Rica en grasas monoinsaturadas, colágeno y glicina.
Riñones: fuente de DAO (diaminoxidasa), una enzima crítica para degradar histamina. Ideal para alérgicos, intolerantes o personas con disbiosis intestinal.
Cerebro: altísimo en DHA (omega-3 estructural), esfingomielina y colesterol. Elementos clave para regenerar tejido nervioso.
Testículos/ovarios: contienen precursores hormonales en dosis fisiológicas. No sustituyen a una terapia hormonal, pero sí ofrecen una base para la síntesis endógena. Lo sé. Súmamente difíciles de conseguir.
Intestinos: colágeno, inmunoglobulinas y nucleótidos. La mucosa intestinal se repara más rápido con estos compuestos.
Cada órgano es un órgano espejo, al comerlo, estás nutriendo su equivalente en tu cuerpo. El hígado nutre tu hígado. El corazón, tu corazón. La médula, tus huesos.
Las vísceras eran la base del equilibrio mineral y hormonal. Al sacarlas de la ecuación, entraron las carencias nutricionales en nuestras vidas:
90% de la población tiene deficiencia de retinol. No betacaroteno. Retinol.
Más del 50% carece de magnesio suficiente para regular la respuesta al estrés.
El zinc no actúa sin taurina. El hierro no se absorbe sin cobre.
La función tiroidea depende del selenio y la tirosina. ¿De dónde vienen? Del corazón, los huevos, los órganos.
¿Qué resultado hemos obtenido de todo esto? Hipotiroidismo subclínico, síndrome metabólico, infertilidad, ansiedad crónica, fatiga sin causa aparente.
Y ahí viene el marketing de los suplementos, adaptógenos, superfoods, biohacks. Todos intentan sustituir lo que antes era parte de la dieta por defecto.
Hemos sobreidealizado el mundo vegetal. Se habla de “superalimentos” sin entender sus mecanismos.

Las plantas tienen mecanismos de defensa. No quieren ser comidas. Y lo expresan en forma de Oxalatos (espinaca, acelga) que se unen al calcio y lo eliminan, Fitatos (legumbres, granos) los cuales inhiben zinc, hierro y magnesio, Lectinas (tomate, legumbres mal cocidas) que pueden alterar la barrera intestinal o Saponinas, taninos, glucósidos cianogénicos…
Para muchos, estos compuestos son inofensivos, pero en personas con permeabilidad intestinal, inflamación crónica, SIBO o estrés oxidativo elevado, son dinamita.
Esto no es una cruzada anti-planta. Es una llamada a la prudencia bioindividual. La tolerancia depende del estado de tu biología. Si vienes de años de desnutrición subclínica, estrés, mala flora, medicamentos, lo que necesitas no es más fibra, sino más órganos.
No se trata de comer carne cualquiera. Se trata de elegir animales criados como corresponde a su especie. Rumiantes alimentados con pasto. Aves con acceso a insectos. Cerdos con barro y raíces.
¿Por qué?

Porque su perfil lipídico cambia, más CLA, más omega-3, más vitaminas liposolubles, porque sus tejidos acumulan menos tóxicos (glifosato, metales pesados, antibióticos) y porque el animal contiene información bioquímica de su entorno. Su biología es tu biología.

Comer regenerativo no es solo ético. Es metabólicamente coherente. Cierras un ciclo. El animal nutre el suelo, el suelo nutre las plantas, el animal come esas plantas, tú comes al animal. No hay residuos. Solo energía reciclada. Esa es la verdadera sostenibilidad.
¿Y si no puedes comer vísceras frescas?
La perfección es enemiga del progreso. Si no puedes acceder a vísceras frescas:
Suplementos de órganos liofilizados: conserva el 90% del perfil nutricional. Son estables, seguros y eficaces si son de buena procedencia.
Pâtés caseros: hígado, manteca, hierbas. Se camufla el sabor y se digiere bien.
Caldo de huesos: con patas, piel, cartílago. Glicina, prolina, minerales y péptidos reparadores.
No se trata de hacerlo todo perfecto. Se trata de reeducar al cuerpo. De recordarle lo que es alimento real. En semanas, tu biología responde. No es placebo. Es información celular.
Vivimos en una época de abundancia tóxica. Comida hay de sobra. Pero la información biológica está ausente.
Comer del hocico a la cola no debería ser algo raro, de hecho con todo esto que te he contado, es lo más normal que puedes hacer. Es lo que hacían todos nuestros ancestros antes de que existieran neveras, nutricionistas o supermercados.
Tu cuerpo no necesita más "variedad". Necesita más coherencia. Órganos, médula, grasa, colágeno... Eso es comida. Eso es medicina.
¿Listo para comer como fuiste diseñado?
Entonces no lo pienses más. Empieza por el corazón, por el hígado. Y sigue por la médula, el riñón, los intestinos.
La información que necesitas para restaurarte no está en una app. Está en cada bocado.
¡Déjanos tu opinión en los comentarios!
TAMBIÉN TE PODRÍA GUSTAR
ESTAMOS EN CONSTRUCCIÓN TODAVÍA ...
Cómo crear pinturas en casa

Cómo crear pinturas en casa

Cómo crear pinturas en casa

Newsletter
Suscríbete a la newsletter y manténte al tanto. Al unirte, aceptas recibir nuestra newsletter y que puedes cancelar tu suscripción en cualquier momento.