Litiasis, Piedras en el Riñón, Cálculos Renales y Biliares 101. La Guía Definitiva. (II) Cómo revertir, controlas y prevenir

Una vez que entendemos cómo se forman los cálculos renales, la siguiente pregunta es evidente: ¿es posible reducir el riesgo de que aparezcan o evitar que vuelvan a formarse?

La respuesta no consiste en buscar un único alimento milagroso ni un suplemento capaz de “disolver piedras”. La formación de un cálculo es el resultado de un proceso multifactorial, por lo que la estrategia debe dirigirse a modificar el entorno metabólico que favorece la cristalización. En otras palabras, el objetivo no es únicamente eliminar una piedra existente, sino impedir que el organismo continúe fabricando nuevas.

Reducir la carga de oxalatos sin caer en extremos

Uno de los primeros aspectos a revisar es la exposición a los oxalatos. Estos compuestos están presentes de forma natural en numerosos alimentos, como espinacas, remolacha, cacao, almendras o chocolate. En personas con antecedentes de litiasis por oxalato cálcico puede resultar útil disminuir temporalmente su consumo mientras se investiga el origen del problema.

Sin embargo, conviene recordar que el oxalato no procede exclusivamente de la alimentación. El propio organismo puede producirlo a partir del metabolismo hepático del glioxalato. Por ello, eliminar alimentos ricos en oxalatos no siempre resuelve el problema si persisten alteraciones metabólicas internas.

El objetivo debe ser recuperar el equilibrio, no eliminar indefinidamente todos los alimentos que contienen oxalatos.

El oxalato no siempre viene de la comida

Durante años se ha culpado casi exclusivamente a determinados alimentos de la formación de cálculos renales. Espinacas, cacao, remolacha, frutos secos o chocolate suelen aparecer en todas las listas de alimentos “prohibidos” para personas con litiasis. Sin embargo, esta explicación resulta incompleta.

Aunque parte del oxalato procede de la dieta, una proporción importante se produce dentro de nuestro propio organismo. Es decir, el cuerpo también es capaz de fabricar oxalato de manera endógena, independientemente de lo que comamos. Comprender este mecanismo cambia por completo la forma de interpretar la enfermedad.

El principal lugar donde se genera este oxalato es el hígado. Allí, durante el metabolismo normal de aminoácidos como la glicina, la hidroxiprolina y otros compuestos derivados del glicolato, aparece una molécula intermedia denominada glioxalato. Esta sustancia representa una auténtica encrucijada metabólica, ya que puede seguir diferentes caminos dependiendo del estado bioquímico del organismo.

En condiciones fisiológicas, el glioxalato debería transformarse principalmente en glicina gracias a la acción de una enzima denominada alanina-glioxalato aminotransferasa (AGT). Este proceso tiene lugar en los peroxisomas de los hepatocitos y requiere obligatoriamente la presencia de vitamina B6 como cofactor enzimático. Cuando esta vía funciona correctamente, gran parte del glioxalato es neutralizado antes de convertirse en oxalato.

Sin embargo, cuando la actividad de la AGT disminuye o existe una disponibilidad insuficiente de vitamina B6, una mayor proporción del glioxalato es desviada hacia otra ruta metabólica en la que interviene la enzima lactato deshidrogenasa (LDH). El resultado final es la producción de oxalato, un compuesto que nuestro organismo prácticamente no puede metabolizar y cuya principal vía de eliminación son los riñones.

Una vez filtrado por los glomérulos renales, el oxalato atraviesa el sistema tubular y termina siendo eliminado prácticamente sin modificaciones. El problema aparece cuando la cantidad filtrada supera la capacidad de mantenerlo disuelto en la orina. En ese momento aumenta la probabilidad de que se una al calcio y se formen los primeros cristales de oxalato cálcico.

Este mecanismo explica por qué algunas personas desarrollan cálculos renales incluso llevando una alimentación relativamente baja en oxalatos. En determinados casos, el problema puede encontrarse más en la producción interna de oxalato que en su ingesta dietética.

El calcio no siempre es el enemigo

Una de las mayores confusiones alrededor de la litiasis renal consiste en pensar que, si las piedras contienen calcio, la solución pasa por reducir drásticamente su consumo.

La fisiología demuestra que no siempre ocurre así.

Cuando existe una cantidad adecuada de calcio durante la digestión, parte del oxalato se une a él dentro del intestino formando complejos insolubles que posteriormente se eliminan por las heces. De esta forma, disminuye la cantidad de oxalato que será absorbida y terminará llegando al riñón.

Por este motivo, una ingesta insuficiente de calcio, paradójicamente, puede favorecer una mayor absorción intestinal de oxalato en determinadas personas.

Lo importante no es consumir grandes cantidades de calcio, sino mantener un equilibrio adecuado entre calcio y oxalato.

Evitar el exceso de fructosa y bebidas con ácido fosfórico

El documento también señala dos factores dietéticos que con frecuencia pasan desapercibidos.

Diversos estudios han relacionado un consumo elevado de fructosa con un aumento de la eliminación urinaria de calcio, oxalato y ácido úrico, tres de los principales componentes implicados en la formación de cálculos renales.

A ello se suma el consumo habitual de refrescos que contienen ácido fosfórico, ya que pueden favorecer una mayor excreción urinaria de calcio y modificar el equilibrio mineral del organismo.

No se trata únicamente del azúcar. Es la combinación de fructosa, ácido fosfórico y un patrón dietético poco saludable lo que puede contribuir a crear un entorno más favorable para la cristalización.

El citrato, uno de los grandes protectores del riñón

Entre los inhibidores naturales de la formación de cálculos destaca especialmente el citrato.

Su importancia radica en varios mecanismos simultáneos.

Por un lado, se une al calcio presente en la orina formando complejos solubles que dificultan la aparición de cristales de oxalato cálcico.

Además, disminuye la agregación de pequeños cristales ya existentes e incrementa el pH urinario, creando un ambiente menos favorable para determinados tipos de cálculos, especialmente los de ácido úrico.

El ácido cítrico presente de forma natural en alimentos como el limón o la lima constituye una fuente dietética interesante de citratos y forma parte de muchas estrategias dirigidas a disminuir la recurrencia de litiasis.

El magnesio, un inhibidor natural de la cristalización

Otro de los minerales con mayor relevancia es el magnesio.

Su acción comienza compitiendo con el calcio por el oxalato. Al formar complejos solubles con este compuesto, disminuye la probabilidad de que aparezcan cristales de oxalato cálcico.

Además, ayuda a mantener un mejor equilibrio mineral en la orina e incluso puede contribuir a aumentar ligeramente el pH urinario, dificultando la formación de algunos tipos de cálculos.

Por este motivo, unos niveles adecuados de magnesio representan una de las barreras fisiológicas naturales frente a la cristalización.

Mantener un metabolismo adecuado del oxalato mediante la vitamina B6

Como vimos anteriormente, la vitamina B6 desempeña un papel esencial en el metabolismo hepático del glioxalato.

Gracias a ella, la enzima alanina-glioxalato aminotransferasa puede transformar el glioxalato en glicina en lugar de convertirlo en oxalato.

Cuando esta vía funciona correctamente, disminuye la producción endógena de oxalato y, por tanto, también la cantidad que finalmente llegará a los riñones.

Además, el documento señala que la vitamina B6 puede contribuir a disminuir el estrés oxidativo y proteger el tejido renal frente a las lesiones producidas por la hiperoxaluria.

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