Por qué eliminar los ultraprocesados es la mejor decisión para la salud del planeta

Tradicionalmente, la reducción del consumo de carne ha dominado el discurso de la sostenibilidad alimentaria. Pero tengo algo que decirte, prácticamente nadie señala el "impacto ignorado" que es infinitamente más crítico, los alimentos ultraprocesados. Diversas investigaciones son tajantes al definirlos como "superfluos para las necesidades humanas básicas". No son solo productos nutricionalmente deficientes, sino una carga innecesaria para el sistema terrestre; eliminarlos es la vía más directa para aliviar la presión sobre los recursos globales.

La huella hídrica y energética de lo industrial

Supongo que si has llegado hasta este blog, sabes igual que yo que resulta frustrante tratar de explicar a la gente que el discurso oficial de "la carne no es sostenible". Pero es peor aún como la mayoría de ellas miran para otro lado cuando se sabe que la transformación industrial de materias primas en productos ultraprocesados devora recursos de forma alarmante. No hablamos solo de agricultura, sino de un complejo ciclo de procesamiento masivo. Durante este post vamos a basarnos en 3 publicaciones que desafían 100% ese pensamiento erróneo desde 3 prismas diferentes.

  • Uso de agua: Los ultraprocesados representan hasta una cuarta parte del uso de agua en dietas de países de ingresos altos, alcanzando un alarmante 35% del uso total de agua en el ciclo de vida de la dieta en contextos como el australiano.

  • Consumo energético: Estos productos son responsables de entre el 17% y el 39% del uso total de energía en la dieta de los adultos.

  • Emisiones en ascenso: En países como Brasil, las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) vinculadas a los ultraprocesados han aumentado un 245% en las últimas tres décadas (da Silva et al., 2021).

Biodiversidad y monocultivos: El precio de los ingredientes baratos

Ya me has debido escuchar en numerosas ocasiones que la industria de los ultraprocesados se sustenta en ingredientes masivos de bajo costo —soja, aceite de palma, azúcar y cacao— cuya producción impulsa la deforestación tropical, no hablamos de vacas, de cerdos, de pollos, de ganado en general, que va. Se estima que los ultraprocesados son responsables de entre el 36% y el 45% de la pérdida de biodiversidad relacionada con la alimentación.

Tanto es así que el grupo de dulces, snacks y bebidas carbonatadas presenta las tasas de extinción de especies más altas entre todos los grupos alimentarios (llegando al 45% en estudios específicos). Sí, este es un motivo extra para evitar el consumo de estos productos. Al consumirlos, no solo ingerimos ínfima densidad nutricional, sino que financiamos activamente la destrucción de los ecosistemas más resilientes de la Tierra.

El ciclo del desperdicio: Envases y residuos plásticos

A diferencia de los alimentos frescos, los ultraprocesados son inseparables del plástico. El procesamiento y el empaquetado generan una huella que frecuentemente iguala o supera el impacto de la producción de la materia prima. El ejemplo más crítico son los refrescos. Quizá no sabías que la energía requerida para su envasado y distribución es equivalente a la utilizada para producir sus ingredientes, duplicando su costo ambiental.

Este impacto es visible en el entorno, estudios en playas de Brasil revelan que los restos de envoltorios de dulces, palitos de paletas y tapas de refrescos son los residuos más abundantes. Estamos convirtiendo recursos finitos en contaminantes persistentes para producir artículos que nadie necesita para estar sano.

Necesitamos Una Intervención de Salud Dual

Eliminar los ultraprocesados de nuestra mesa es una estrategia win-win, es decir estamos hablando del impacto positivo que tiene para la salud humana y para la salud planetaria.

Dado que estos productos son superfluos, el 100% de su impacto ambiental representa un desperdicio totalmente evitable. Al priorizar alimentos enteros y mínimamente procesados, reducimos drásticamente nuestra huella ecológica y protegemos la biodiversidad sin necesidad de centrar el debate exclusivamente en la eliminación de la carne.

Es una decisión ética y científica, simplificar nuestra dieta es el primer paso para liberar al planeta de una carga industrial innecesaria.

REFERENCIAS

da Silva J, Garzillo J, Rauber F et al.

Greenhouse gas emissions, water footprint, and ecological footprint of food purchases according to their degree of processing in Brazilian metropolitan areas: a time-series study from 1987 to 2018

A conceptual framework for understanding the environmental impacts of ultra-processed foods and implications for sustainable food systems

Contribution of ultra-processed food and animal-plant protein intake ratio to the environmental impact of Belgian diets. C. Denós

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